Como se puede ver, nada de esto explica de manera acertada lo que celebramos en la presentación de los tres años. Esta celebración es más bien, una acción de gracias por la vida del infante (que puede darse en una liturgia de la palabra, o si se prevé una adecuada y suficiente participación eucarística, dentro de la misa), más que una presentación (pues el niño es conocido por Dios y por la comunidad de creyentes, ya que es un bautizado). Es también la oportunidad de pedir la bendición de Dios en la vida del niño, así como un momento para pedir la ayuda divina sobre papás y padrinos del infante, para que puedan cumplir con los compromisos que adquirieron con sus hijos cuando los llevaron a bautizar, de enseñarles la fe y el amor a Dios, principalmente por la vivencia de valores y actitudes cristianas en su familia y en su medio ambiente. También es muy adecuado durante esta acción de gracias, un momento para que los padres ratifiquen los compromisos bautismales para con sus hijos, y así ayudarlos a valorar sus dichas promesas. Por esta misma razón, conviene que los padrinos de bautismo y de los tres años sean los mismos.
(Secretario de Pastoral: Arquidiócesis de Mexico)